Adolfo de la Huerta Marcor

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“…Tenía un vozarrón que cuando hablaba temblaban las paredes y las ventanas…”, así me dijo un veterano de la política cuando le pedí que me describiera cómo era Adolfo de la Huerta Marcor. No cabe duda de que fue un revolucionario muy singular. Al igual que sus paisanos los generales Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, Adolfo de la Huerta fue un sonorense que se afianzó en el poder después del triunfo del Plan de Agua Prieta y también fue presidente de la nación. Aun así, es considerado un revolucionario derrotado, pues se reveló contra el poder de sus dos colegas y perdió.

Felipe Adolfo de la Huerta Marcor nació en el puerto de Guaymas el 26 de mayo de 1881, hijo de Torcuato de la Huerta y Carmen Marcor. Su familia paterna era de ascendencia española y su lado materno de origen francés. Su padre, primer De la Huerta nacido en Sonora, defendió el puerto de Guaymas del filibusterismo decimonónico. Torcuato de la Huerta creció en una zona de asentamiento yaqui y construyó una buena relación con los miembros de esta tribu, cosa que le sirvió mucho a la carrera de Adolfo de la Huerta.

Adolfo cursó su educación básica en su ciudad natal bajo la dirección de Carlos Calleja, un profesor que se encargó de instaurar el laicismo a la educación sonorense y quien enroló en la misma a profesores que después se afamaron como “radicales”, dígase Plutarco Elías Calles, Luis G. Monzón y Fernando F. Dworak. A la edad de quince años Adolfo dejó Sonora, se trasladó a la CDMX e ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria. Estudió teneduría de libros y música, pues aspiraba a ser cantante de ópera. Pero su padre enfermó y murió prematuramente, lo que obligó el regreso de Adolfo a Guaymas para cuidar de su madre. Era el primer año del siglo XX.

De regreso en el puerto, De la Huerta trabajó en la tienda de la familia, en un banco y en ocasiones rentaba su voz de barítono para amenizar fiestas y otros eventos. También comenzó a inquietarse por la política, se volvió colega de José María Maytorena (prominente político de oposición durante el porfiriato), se afilió al Partido Liberal Mexicano, patrocinó la publicación del diario magonista Regeneración y, como era de esperarse, se afilió al Club Antirreeleccionista de su localidad y se unió a la campaña presidencial de Francisco I. Madero. De la Huerta fue de los sonorenses que participaron en la Revolución desde 1910, no así el caso de Obregón, Rodríguez y Elías Calles, quienes ingresaron a la lucha hasta después del asesinato del presidente Madero.

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A la caída de Porfírio Díaz y con Madero en la presidencia, De la Huerta aceptó varias comisiones del gobierno maderista: fue interlocutor del gobierno con los Yaquis, diputado local por Guaymas, secretario de Gobernación y gobernador. Cabe señalar que durante esos años, la inestabilidad política provocó que muchos personajes ocuparan el cargo de gobernador por periodos cortos, en calidad de interinos, provisionales o constitucionales. Adolfo de la Huerta fue nombrado gobernador repetidas veces pero nunca ocupó el cargo por periodo mayor a un año. Tomó las funciones de gobernador en mayo de 1916, en diciembre de ese mismo año, en enero de 1917, en julio de 1919, septiembre de ese mismo año, después en mayo de 1921, en abril de 1922 y por último en abril de 1923.

Entre sus acciones más recordadas como gobernador, estuvo su buen trato con los yaquis. Gracias a la herencia de su padre, De la Huerta tuvo buena interlocución con los yaquis, a quienes recibía en su hogar, cosa nunca antes vista para un gobernador. También se le recuerda por combatir a la expedición punitiva que los Estados Unidos organizó para perseguir a Pancho Villa. Y además de esos datos anecdóticos, fue un gobernador que apoyó mucho la creación de caminos, puertos y comunicaciones en general.

De la Huerta fue uno de los líderes del Plan de Agua Prieta, manifiesto que le declaró la guerra al gobierno de Venustiano Carranza y que señalaba que, una vez derrotado Carranza, De la Huerta sería el designado para tomar la presidencia, estabilizar el país y convocar a elecciones. Y así lo hizo, el guaymense tomó la presidencia –incluso antes de que Carranza fuera asesinado y mientras aún ostentaba el cargo de presidente-, y comenzó a hacer las paces. La presidencia de De la Huerta es recordada como una administración de concordancia. Pues como presidente hizo las paces con los carrancistas, zapatistas y finalmente llegó a un acuerdo con Pancho Villa. Convocó a elecciones y entregó el poder a su colega Álvaro Obregón.

Luego fue Secretario de Hacienda, pero durante el cuatrienio Obregón y De la Huerta se distanciaron. Al final, sus diferencias eran tan abismales que De la Huerta lideró una rebelión contra su ex colega, un movimiento armado conocido como Rebelión Delahuertista. Pero no pudo con el paquete, la rebelión fue derrotada y De la Huerta tuvo que huir a los Estados Unidos para no ser fusilado.

El gobierno mexicano reclamó al gobierno de Estados Unidos que extraditara a De la Huerta, pero el guaymense consiguió asilo político. Ya que estaba batallando para sobrevivir en aquel país, uno de sus colegas le sugirió establecerse en Hollywood y volverse maestro de canto. Resulta increíble pero así fue, De la Huerta pasó de ser revolucionario, gobernador, presidente y líder de un levantamiento armado, a ser maestro de canto en la meca del espectáculo. “Al que perdió su voz haré que la recupere, al barítono lo convertiré en bajo y al bajo en tenor”, así decía el anuncio de su academia de canto. Cuentan que cuando a Obregón le informaron esto, dijo bromeando “Que bueno que le gané yo, porque si yo fuera el que estuviera exiliado en los Estados Unidos, estando manco no conseguiría trabajo ni de barrendero”.

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Adolfo de la Huerta con uno de sus alumnos de canto, Enrico Caruso jr., hijo del famoso tenor italiano del mismo nombre.

Permaneció más de diez años en aquellas tierras, y fue durante ese periodo de añoranza cuando la nostalgia por su tierra lo inspiró para escribir la canción “Sonora querida”, hoy himno no oficial del estado de Sonora. Regresó a México durante el sexenio de Lázaro Cárdenas, presidente que le dio varias comisiones, las cuales fueron como pensiones para mantenerse hasta el final de su vida, la cual llegó en 1955. Sus restos descansan en un panteón en la CDMX.

De los sonorenses que llegaron a la presidencia durante la Revolución, Obregón es recordado como el militar, Plutarco Elías Calles como el estadista, Abelardo L. Rodríguez como el empresario y Adolfo de la Huerta como el diplomático (a pesar de que lideró una rebelión armado). ¿Qué hubiera sido de México si De la Huerta hubiera triunfado en su rebelión contra Obregón? Nunca lo sabremos y no vale la pena especular, pues el hubiera no existe.

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